Selfies aéreos: los autorretratos llegan por todos los frentes

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Un día, en algún lugar, alguien se hizo una foto a si mismo. Y creó un monstruo. Desde ese momento la fiebre del selfie no ha parado de crecer. Hemos visto a jefes de Estado haciéndose selfies. Ha habido detenidos por hacerse un selfie. Muertes por un selfie. Luego apareció el palo para selfies. Selfie, selfie, selfie. Selfie hasta en la sopa. Y sí, ahora también tendremos selfies aéreos.

ROAM-e ha lanzado un dron pensado, precisamente para realizar selfies aéreos. Se trata de un aparato que dispone de un par de hélices que estabilizan el vuelo y cuenta con una cámara de 5 MP. El dron se conecta directamente con tu smartphone para enviar las fotografías.

Un dron fácil de transportar

Con el tamaño de una pequeña botella, sus hélices son plegables permitiendo un fácil transporte. Además, dispone de un software de reconocimiento facial que le permite seguirte a tres metros de distancia sin necesidad de tenerlo enlazado a tu teléfono -con el consiguiente gasto extra de batería-.

Autonomía

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Al estar volando y contar con una cámara rotatoria, el dron también te permite tomar fotos panorámicas. La batería tiene una autonomía de unos 20 minutos y tarda unas dos horas en cargarse. El dispositivo tiene un precio de 349 dólares australianos, unos 235€.

El social media nos ha vuelto tarados

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Si hace unos años nos hubieran dicho que existía una sociedad donde todos estaban de una cámara de fotos capturando todo lo que se mueve y compartiéndolo con los demás hubiéramos dicho que era una sociedad de tarados. El smartphone tiene gran parte de la culpa, poniendo una cámara permanentemente en nuestras manos y permitiéndonos compartirlo al instante.

El selfie es el gran exponente de esta fiebre, pero en las últimas horas hemos visto una historia más delirante. Con el mundo en alerta máxima terrorista, un tipo que quería darle una carta a su ex-mujer logró secuestrar un avión que cubría la ruta Alejandría-El Cairo y hacerlo aterrizar en Chipre. En serio, que alguien le hable de Gmail a ese señor.

Si esta historia no es lo suficientemente rocambolesca, un pasajero decidió hacerse una fotografía con el secuestrador, todavía equipado con un falso cinturón explosivo. Aunque muchos medios la han calificado de selfie, no lo es. Lo cual lo hace todo más siniestro, porque implica la participación de un tercer tarado, posiblemente una azafata que también posó junto al romántico secuestrador.

Si el mundo no se va al carajo, que baje Donald Trump y lo vea.

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